yuvia: (Lorca&Cohen)
Os va a sonar a tópico y lo es, pero el arte es parte de la vida. El arte como todo, me explico, sin discusión sobre lo que es arte o no. El arte como algo hecho por una persona con la intención de decir algo. Y no lo es tan sólo en el momento en que estás ante él, en que lo ves o escuchas, se queda y de pronto vuelve cuando menos te lo esperas. Se te cuela en la mente y empieza a decir cosas, a repetir las que te dijo o a decir otras nuevas. Todo ese acervo cultural está ahí junto con tus propios recuerdos y experiencias como ayudándote a entender el mundo y más aún a preguntarte.

Inciso, busco en la R.A.E. "acervo" para ver si es adecuado (no del todo) y me encuentro en tercera definición "Montón de cosas menudas como trigo, cebada, legumbres, etc." Me ha hecho gracia, porque iba pensando en la primera definición pero en realidad quería decir eso: Montón de cosas menudas. Pequeñeces.

Ayer por ejemplo estaba en la videoteca, sin saber qué coger, y de pronto sentí que necesitaba ver Paris, Texas. Lo necesitaba. Tenía que ver a Natasha Kinski en su suéter de angora fucsia detrás del cristal. Es una escena que quita el aliento. Es curioso, porque quise ver la película durante años y me esperaba algo totalmente distinto, una road movie no voy a decir que al estilo Thelma y Louise pero poco menos. Y de pronto ahí estaba esa calma absoluta, el eterno silencio de Travis perdido en sí mismo y el lento viaje hacia ese reencuentro que te corta la respiración y te hace sentir como si fueses a estallar.
Pero el caso es que no la tenían, ya ves, y que yo no venía a hablar de esto.

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Hoy he pensado mucho en escribir pero no he escrito nada, aún.

No sé si tendrá relación, pero el día empezó con un sueño, que os contaré. Quizá no debería porque no creo que diga nada bueno sobre mí, pero dado que afecta a alguien del LJ, pues lo cuento.
Creo que he comentado ya que yo sueño con todo. Es un modo de resumir, pero no demasiado exagerado: No creo conocer a nadie, ni personalmente, ni de vista, ni por la tele, ni por internet ni por ningún medio con quien no haya soñado alguna vez. Toda la imaginación que no tengo para escribir historias la tengo para soñarlas. Toda la incapacidad para mezclar personajes, rara vez paso de dos cuando escribo, se transforma en perfectas historias corales donde nadie sobra. Debería transcribir mis sueños y olvidarme de ese rollo de escribir, sería mejor.
Ayer fue gracioso, porque me desperté dos veces partiéndome de risa. No sé si os habrá pasado pero es de lo más descorcentante. Es como todo, también, como despertarte a punto de que te alcance el monstruo y descubrir que estás en tu cama y no hay más peligro que el de que el despertador no haya sonado y vayas a llegar tarde. Despertarse riendo es lo mismo. Estás ahí, a carcajada limpia, y no sabes por qué. No recuerdo qué soñaba la primera vez pero, la segunda, estaba soñando que estaba en el trabajo, con todos mis compañeros y un par de amigos que no trabajan ahí. Estábamos todos tirados en el suelo haciéndonos cosquillas, de ahí las risas. Creo que es un sueño que dice bastante sobre cómo estoy reaccionando actualmente a las locuras que están ocurriendo en mi trabajo. Es un cachondeo, y yo me lo tomo como tal. Pero eso lo dejamos para cuando construya del todo mi metáfora para contaros la terrible y singular historia de lo que está pasando ahí.

Hoy habré tenido unos cuatro sueños distintos. Uno era la segunda temporada de Californication. Os la recomiendo, estaba genial. No os la puedo contar porque no la recuerdo, pero todo era luminoso y parecía transcurrir en los jardines de Versalles. Hank llevaba una camisa azul oscuro arremangada y con tres botones abiertos y gafas de sol (dejé toda la originalidad para la elección de escenario. Mi subconsciente sabe que hay cosas que no se pueden mejorar) y por supuesto daban ganas de irse a vivir a su yugular para siempre.
Otro era personal y no diré nada.
En otro, salía de fiesta por mi ciudad. Estaba atardeciendo, pasaban varias horas pero siempre era el atardecer. Los sitios estaban cambiados de lugar. Querían llevarme a una discoteca nueva y yo me negaba en redondo, me iba sola porque tenía algo importantísimo que hacer. En mis sueños, tener algo importantísimo que hacer suele ser salvar el mundo o similares. No recuerdo si esta vez lo era pero por ahí andaba la cosa. El caso es que acabé corriendo por los tejados como los gatos, con algún gato, de hecho, y colándome por ventanitas imposibles tras alguna de las cuales conocí a alguien que quería ayudarme. Pero entoces me desperté a medias y pasé al otro sueño.
Allá va:

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